Ustedes creen que la BORNIA ALKOHOLIZADA debe seguir en el $negocio$ de la música?

viernes 6 de febrero de 2009

conde de doberman



Historia con final abierto


Todos los días, el Ermitaño del Tiempo y yo hablábamos de crear una banda que reflejara lo peor y lo peor nosotros, porque decíamos que de cada lugar que visitábamos o cada cosa que nos pasaba, tratábamos de sacar lo más oscuro para incorporarlo a nosotros, siempre fue así. Pero teníamos grandes inconvenientes: no teníamos ningún instrumento (salvo una cítara que usábamos de apoya pava), no sabíamos tocar y mucho menos cantar, no teníamos dinero.
Corría el año 2002 y más o menos por el mes de abril tuvimos el primer punto de encuentro. Nos ubicábamos en el decadente barrio de Lanús un viernes por la noche sin saber que hacer y obviamente sin rastros de dinero en los bolsillos.
Estaba vestido con la ropa de casi todos los días: remera a rayas rojas, blancas y azules, pantalón de tela azul con un parche azul de la banda de punk Attaque 77 en la rodilla derecha y zapatillas de lona descocidas en la parte de atrás. Sin contar la uña clasica negra en mi mano izquierda y la suplente en la derecha.
Con Matías (en ese momento se hacía llamar Monaguillo, ahora Matt) y el Ermitaño yacíamos sobre un poco de cemento ceco que se le llama calle, 25 de mayo y Avenida Ipólito Hirigoyen, justo frente de la estación. El aburrimiento ya nos había colmado de tal manera que los tres mirábamos nuestro mismo reflejo que estaba flotando en la zanja. Pero de pronto y sin sobresaltos vimos pasar a Noelia, Yamila y dos amiguitas más (no me acuerdo de sus nombres o tal vez nunca los supe. Una de ellas era la hermana de un pibe que tocaba en turf, pero como a mi nunca me gustó, no me interioricé en el tema) en busca de diversión perdida.
Tiramos algunas típicas frases protocolares y la respuesta de todos era salir sin gastar nada de nada. Matías no quería, no sabía o no podía salir. La cuestión es que lo acompañamos hasta su casa. Serán una cinco cuadras para el lado de la oscuridad. La calle exacta es Quintana, donde el Tano tiene el kiosko Zio Michelle.
Entonces partimos en el tren más roto de toda la zona sur con rumbo incierto y la mente en blanco. Bajamos, como por instinto, en la ciudad de Temperley, donde los viernes y sábados por la noche no podés caminar por la cantidad de delincuentes, borrachos, dorgadictos, travestis y otros males mayores que se encuentran tirados en la calle y te saludan amablemente con insultos hacia toda tu familia, a pesar de que no la conozcan. Yo creo que los fines de semana todos los presos de Buenos Aires tienen franco y salen a bailar a Temperley.
Igual, a pesar de los contratiempos, no nos importó. Caminamos y entramos en un par de bares, dos en total, que por derecho deberían estar clausurados: sin limpieza, baños rotos, mugre en las paredes y poblado de descuidistas.
Rondando las cuatro y nueve de la mañana entramos al último bar posible llamado el Viejo Correo donde se acumulaba mucha gente que no pagaba entrada y tampoco consumía bebidas. Solo ocupaban el lugar, ya ebrios y con la boca torcida, sin ganas siquiera de bailar. La fila que nos tocó hacer en la puerta nos trajo buenos síntomas. Este tipo de bares no tiene la habilitación municipal correspondiente para que la gente quede esperando afuera. Es rarísimo que en un bar, donde la entrada es libre y gratuita, haya que esperar en la puerta desangrándose de frio.
Adelante o detrás nuestro, no recuerdo y no tiene importancia, apareció un muchachito de entre veinte y veinticinco años, pantalones de jean rotos y camisa a cuadros muy arrugada y mugrienta. Daba la sensación de que había despertado mezclando alcohol con diversas drogas ilegales y había terminado solo en un lugar desconocido.
Nos quedamos hablando un largo rato sobre cualquier tema y de nada a la vez, pero de repente la situación se tornó peligrosa ya que éste extraño ser, sin querer o sin saber, y a la vez que preguntaba si nos gustaba la banda de punk Foo Fighters, expulsó de su boca una pequeña gotita de saliva pegajosa que desgraciadamente fue a parar a la camisa de una de las chicas, aumentando el volumen a su primer contacto con la tela, con el correr de los segundos.
El incauto no se dio cuenta de lo ocurrido por su lamentable estado, entonces siguió diciendo frases sin sentido como por ejemplo que al padre le decían que se había pintado la nariz de rojo, cuando en realidad esa deficiencia era por su debilidad con la botella.
Mientras tanto el gentío iba entrando a la madriguera y nosotros nos acercábamos a la puerta con ganas, no solo de entrar, sino también de perder a ese ángel negro entre una multitud de desconocidos espectaculares. Asi fue. En ese momento el Ermitaño del Tiempo, siguiendo su costumbre de levantar cualquier basura que surja en su camino y guardarlo como trofeo, encontró un volante que hacía propaganda de una fiesta loca que decía asi: la fiesta de la Bornia Empachada y entre otras cosas que capaz iba algún famoso, si tenías auto había que preguntar por un tal Tito que te prestaba dinero para cargar nafta, la hora del comienzo era a las once y tres minutos, tocaba en vivo el Dj Partuza y una de las bandas invitadas era N.a.d.i.e., una locura total
Sin dudas, aquel volante nos abrió la mente en todo sentido. Desde ese momento todo cambio para nosotros. Necestitábamos un buen título para crear algo que todavía no sabíamos bien que era. La Bornia Alcoholizada fue una creación cien por ciento nuestra, claro que basada en aquella Bornia Empachada que sirvió de inspiración.

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Oktober Fest

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